Pandemia de abusos policiales con pretexto del Estado de alarma

Foto: Twitterlahaine.org. Boro LH.- Agresiones, arbitrariedad, insultos, amenazas, detenciones... Si no teníamos suficiente con el COVID-19, ahora llega la pandemia autoritaria acompañada de un brote de chivatismo.

A la pandemia global por COVID-19 se le une ahora otra peligrosa epidemia: la de los abusos policiales para hacer cumplir el Estado de alarma. Estos últimos días nos han dejado abundantes documentos gráficos sobre distintas actuaciones policiales en aplicación del Real Decreto que establece el Estado de alarma. Y en muchas de ellas estamos viendo un alarmante abuso de poder y brutalidad policial.

Vaya por delante que aconsejo a todo el mundo quedarse en casa siguiendo las indicaciones de los profesionales sanitarios que están desbordados por la epidemia del coronavirus. Es lo correcto hacerlo, por conciencia social, por solidaridad y por apoyo a esa clase obrera que está siendo la primera línea de defensa contra el virus, en especial al personal sanitario.

Pero estamos observando como, por un lado los distintos cuerpos policiales están actuando en muchos casos con absoluta arbitrariedad y grandes dosis de soberbia y chulería a la hora de valorar si una persona está en la vía pública de manera justificada o no. Se ha agredido y detenido a personas que iban o volvían de trabajar, que iban a la compra o que paseaban a sus perros, ignorando sus explicaciones y sentenciando sin ningún fundamento que "están mintiendo". Y lo están haciendo en base a la Ley Mordaza, a esa que le da a los cuerpos policiales atribuciones para multar, detener, valorar y juzgar ellos mismos quien dice la verdad o quien miente en base a lo que les sale de las narices. La misma ley que el actual gobierno "progresista" prometió derogar.

Y pese a que hay casos criticables de personas que salen a la calle sin justificación y contribuyen a que el virus no se frene, hecho que nadie discute, está habiendo una respuesta a todas luces desproporcionada y en no pocas ocasiones violenta y brutal.

Y es que el número de casos se ha disparado de manera tan alarmante que ya podemos decir que hay una segunda pandemia en marcha: la de la brutalidad policial. Parece ser que amparados por el Estado de alarma y por la situación grave e inédita que estamos atravesando actualmente, los distintos cuerpos policiales se han quitado la careta y han sacado a pasear sus más primarios instintos: los de aporrear al ciudadano sin justificación alguna. Además estas actuaciones se ven apoyadas por el clima de miedo y pánico que desde algunos medios han tratado de infundir a la población.

Mención aparte merecen los acusicas y chivatos de balcón, personas que han sacado al policía que llevan dentro para espiar y prejuzgar a sus vecin@s, en muchos casos también desde una absoluta arbitrariedad y desconocimiento absoluto de las situaciones personales de cada persona. Así, en varias de estas actuaciones hemos podido oír a gente jaleando la actitud violenta de la policía y aplaudiendo su brutalidad, mientras se llenan la boca de una falsa superioridad moral con tal de buscar su minuto de gloria. Si toda esa verborrea la usarán para denunciar a quienes nos han abocado a esta situación recortando y deteriorando durante años la sanidad pública, otro gallo cantaría.

He recopilado en un hilo de twitter los casos que he visto, una lista que seguiré actualizando y de la que aquí he dejado sus casos más significativos hasta el momento. Y es que, si cedemos al miedo, o si justificamos esta brutalidad en base a la situación que estamos padeciendo, que a nadie le quepa la menor duda de que se nos volverá en nuestra contra. La policía está para proteger al capital y a l@s poderos@s, no al pueblo. Sólo el pueblo salva al pueblo.